Psicoterapia adolescentes y familias.

¿Te cuesta relacionarte con tus compañeros de clase? ¿Sientes que por mucho te esfuerzas, no logras encajar?

¿Te sientes triste, incomprendido? ¿Incapaz de levantarte cada mañana para ir al instituto?

¿Te sientes nervioso demasiadas veces? ¿Sientes que la ansiedad te supera cuando tienes que hacer un examen, o exponer en público?

¿Sientes que tus padres te presionan y eres incapaz de hacerles ver que haces lo que puedes?

¿Tenéis miedo porque veis a vuestro hijo demasiado distanciado de vosotros?

¿No conseguís tener una conversión con vuestro hijo sin acabar gritando?

¿Te preocupa que no esté alcanzando los resultados académicos que esperáis de él?

¿Ves a tu hijo continuamente triste, sin ganas de salir ni de hacer nada?

    La adolescencia es un momento vibrante de la vida,  lleno de nuevas experiencias.  Durante esta etapa vital afianzas tu identidad, tus gustos, tu manera de entender la vida.  Pero también es un momento de grandes cambios, tanto físicos como psicológicos, que en ocasiones pueden suponer un gran desafío.  En determinados momentos, las demandas tanto internas como externas, pueden obstaculizar vivir esta época del modo en el que la podemos disfrutar más.  Resulta complicado mantener el equilibrio entre la creciente necesidad de independencia que se produce en esta época, y la demanda de información y control por parte de los padres.

Mi abordaje en la terapia con adolescentes se fundamente en hablar su propio idioma, en tratar de conocer qué les gusta, cuáles son sus referentes, su modo de disfrutar, de entender la realidad. Dar valor al modo en el que viven es un pilar de mi trabajo con los jóvenes.

Personalmente, me gusta especialmente trabajar con adolescentes.  Tengo muy presente todo lo que supone esta etapa, desde la aventura, novedad, crecimiento, hasta la confusión, la sensación de incomprensión, el deseo de decidir. Empatizo de manera rápida y eficaz con la problemática que traen a la sala de terapia.

Cuando hablamos de terapia con adolescentes,  lo más común y eficaz es trabajar con todos los miembros de la familia implicados en la educación del adolescente.  Hacerlo de otro modo sería, en mi opinión, como construir una mesa sin una pata: el equilibrio sería imposible.