Confesiones: soy una simple psicóloga.

 

Hola, me llamo Goretti y estoy sufriendo un bloqueo blogil.

 

Soy como Peggy en esta foto:, miro al vacío tratando de buscar inspiración...pero nada.

Soy como Peggy en esta foto: miro al vacío, tratando de buscar inspiración…pero nada.

 

    Hace ya un tiempo (cuando digo tiempo quiero decir meses) que no publico ningún post nuevo.  Lo cierto es que he estado ocupada con la consulta, proyectos, el verano, vivir… Para ser sinceros, en realidad estoy teniendo una época de “sequía blogil”. No se me ocurre de qué escribir, lo que se me ocurre no lo considero lo suficientemente bueno y lo cierto es que escribir (entendido como el acto de ordenar mis ideas, estructurarlas y darles narrativa) me cuesta infinitamente. Es decir, adoro escribir (como ya revelé enseñándote mis diarios), pero a ese nivel: personal, sólo para mí. Pero escribir para  las miles de personas que me leen (ejem), está a otro nivel y me resulta, como decirlo, complicado. Complicado porque requiere  que cuide mucho qué digo y cómo lo digo.  Y a un nivel más práctico, considero que no tengo demasiada facilidad para escribir cosas que puedan resultar vistosas y atractivas a tus ojos.

Lo cierto es que cada día que pasa sin escribir un post nuevo lo siento como una condena. A ver, estoy exagerando, vale. Sigo viviendo tan ricamente.  Pero lo que sí tengo claro es que cuanto más tiempo transcurre  más me alejo de conseguirlo. ¿Te suena esto, verdad? Y cuánto más me cuesta, peor me siento, y más culpa añado a la mochila que llevo en mi espalda. Y como la mochila está ya a punto de romperse,  he decido vaciarla. ¿Cuál  considero es la mejor manera de vaciarla? Aireando mi propio  “bloqueo blogil”, intentando aceptarlo y contándote qué intento hacer para superarlo.

Me voy a lanzar y a confesarte una debilidad que me acompaña desde que recuerdo y que probablemente sea una de las razones por las que no escriba tantos posts como me gustaría: soy muy  exigente conmigo misma. Demasiado perfeccionista. Dudo siempre de si lo que hago está lo suficientemente bien hecho.  Traducido al plano laboral, esto me convierte en una profesional “desconfiada”. ¿Qué trato de decir? Pues que siempre estoy en continuo movimiento, tratando de ser mejor psicóloga. Esta exigencia me impulsa a realizar un trabajo fuera de la consulta importante. Es decir, que me consume mucho tiempo y recursos. Esta auto exigencia provoca que en no pocas ocasiones dedique horas de mi tiempo a investigar “que hay de nuevo en la psicología”, como denomino yo al momento en el que me siento delante del ordenador a empaparme de revistas de psicología, artículos académicos, de opinión, etc. Es decir, que intento, constantemente, estar actualizada.

Esta situación, he de confesar, en no pocas ocasiones provoca que me estrese de manera considerable.  En un mundo infinito, como es internet, plagado de información sin filtro, de miles de páginas en las que cada uno explica y defiende su estilo y sus técnicas, uno puede llegar a tener la sensación de que no sabe nada de nada, y de que es un auténtico fraude.  ¡Oh, dios, es terrible!

Cuando esto me pasa, comienzo a cerrar ventanas, me bajo del carro de la multi-información, pongo los pies  literalmente en la tierra, dejo que ésta soporte mi peso y me digo: ¡a ver, es que soy una simple psicóloga! Algo tan simple, pero a la vez tan simbólico, me ayuda a centrarme y a no enredarme en la ansiedad y la frustración. Porque lo único que consigo es cuestionarme a mi misma y a mi trabajo.

El mundo digital es maravilloso, y me confieso adicta e incapaz de vivir sin él. Pero lo cierto es que también puede crear confusión e desinformación.  Te lo explico más detalladamente: yo nací en los 80´s, y me defino como “analodigital”, es decir, parte de mi vida la viví sin Internet, pero un buen día, a finales de los 90´s irrumpió en mi vida. Cuando estudié la carrera, todavía no teníamos los ahora imprescindibles Smartphone, y ni siquiera podíamos permitirnos tener internet en el piso que compartía con otros estudiantes.

Por lo tanto, la información que recibía y asimilaba era la que me proporcionaba  la facultad y los libros (y si nos remontamos a tiempo atrás, ¡¡las enciclopedias!!)

 ¿Qué haces  hoy en día para buscar información cuando la necesitas? Pues simplemente abres Google y tecleas. Yo le llamo Doctor google (¡hola, hipocondría!). El problema es que las páginas que aparecen como referentes para resolver tus dudas no han sido filtradas (más allá del SEO), es decir, que si yo escribo un artículo sobre cómo  hacer de manera adecuada sentadillas y lo posiciono correctamente a través del SEO posiblemente llegues a él si estás buscando esa información. Pero, ¿soy yo la persona adecuada para enseñarte cómo hacer sentadillas? Obviamente no, porque soy una ignorante absoluta de este tema.

Ahí voy, porque cuando tú buscas información sobre algo en libros, o revistas especializadas, tienes la garantía de que esa información ha sido filtrada, trabajada y validada. Pero, en el ciberespacio todo esto resulta más complicado.

 

¿Qué he estado haciendo para intentar curar mi bloqueo?

Durante mi sequía bloggil y como modo de encontrar cierta iluminación, me dediqué a ver blogs, blogs y más blogs relacionados con la salud/bienestar psicológico. Te puedo asegurar que he visto montones, tanto en inglés como en español. Lejos de curar mi sequía, creo que la he agravado,  porque estoy tremendamente horrorizada de lo que he visto. A ver, matizo, hay blogs muy serios de profesionales que intentan ayudarte a que consigas solucionar problemas por los que estés pasando. Genial, vamos. Pero la inmensa mayoría son blogs de personas no cualificadas (pero nada, nada cualificadas), que han pasado por situaciones personales (crisis personales, duelos, rupturas de pareja, despidos laborales) las cuales superaron  y que han visto negocio en ello. Entonces se dedican a vender esos servicios a través de la red.

Pero, tengo que confesar que antes de llegar al momento horrorizarme, pasé por un periodo de envidia pura y dura. Sí lo, admito. Me sentí un poco pequeña en la blogosfera.  Todas esas páginas tan bien diseñadas, en las que la gente aparece increíblemente feliz, con ese aire de superación en la cara. Dispuestos ahora a ayudarte a ti que superes ese miedo, ese no sé qué que te impide avanzar. Sentí que no estaba siguiendo el camino correcto, porque admito abiertamente que desconozco que es el tapping, el  briefing, no sé constelar, y,  lo siento, pero no soy capaz de arreglar tus problemas en dos días y jamás te voy a decir que tienes que hacer esto o lo otro para ser feliz.

Tras superar esa secuencia de envidia-horror, volvía  a la tierra. Al mundo real, tangible, con sus sonidos, sus olores y sensaciones. Volví al “soy una simple psicóloga”, a interiorizarlo, asimilarlo y a intentar conseguir que sea suficiente para mí. Concluí que mi trabajo es la psicoterapia, y a su vez es mi herramienta de trabajo. No tengo recetas mágicas, no sé qué necesitas sin casi hablar contigo, no tengo el decálogo de soluciones en función de si quieres cambiar tu vida, dejar tu trabajo o irte a vivir a la India.

 

Un poco de luz: qué quiero que sea mi blog

Todas  estas visitas a blogs y todos esos sentimientos y pensamientos encontrados  que me ha generado, no ha sido en balde. De todo se aprende, hasta de mi bloqueo virtual.  Porque en realidad me han ayudado a tener claro lo que NO quiero que sea mi blog, y en consecuencia lo que yo no quiero ser como profesional:

  -Un dispensario de recetas para solucionar tus problemas. Dónde escoges la receta a si quieres dejar tu trabajo, o coges la receta b si quieres dejar de sentir ansiedad.

– Un lugar en el que yo me muestre como la única persona, y más preparada para solucionar tu problema.      

 – Un lugar en el que valido fórmulas que me auto invento para solucionar tus problemas.

– Un lugar en el que mi experiencia personal sea el único camino que guíe tu propio camino.

– Un lugar en el que muestre técnicas que no están aprobadas como terapéuticas, y que las vende como la panacea para resolver tus problemas.

 

Lo que sí quiero  que mi blog transmita es mi reflejo como profesional y como persona. Como psicólogo mi trabajo se basa en ayudarte a encontrar tus propias soluciones, que son las que valen. Las que tú tienes en la recámara y ya has aplicado antes, o las que crees que serán buenas soluciones pero aún no te has atrevido a llevar a cabo. Y si no encajas en ninguna de esas dos, te ayudo a que te inventes soluciones nuevas,  que se acoplen a ti perfectamente (como si de un traje a medida se tratase).

Como profesional te garantizo que siempre trataré tus problemas con el mayor de los respectos, por lo tanto siempre bucearé en mi formación como psicóloga para encontrar el recurso adecuado para ti, y si eso no es suficiente, buscaré más recursos en libros, artículos o en supervisores.

Como persona quiero que mi blog refleje mi  autenticidad, honestidad y humildad. Mi capacidad de reír y de buscar el lado bueno de las cosas menos buenas. Mi prudencia y mi capacidad de ser paciente. Mi deseo, honesto y sincero, de acompañarte y de empoderarte para que seas lo que deseas.

 

Desconozco si este post va a suponer el fin de mi bloqueo, lo que sí sé es que me ha ayudado a redefenir qué tipo de profesional y persona quiero ser.

¡Feliz semana a tod@s!

 

 

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