ESCLAVOS DE LA VIDA SANA

 

Ingenua de mí, hasta hace poco tiempo yo creía que llevaba una vida relativamente sana.  Estaba bastante segura de que mi alimentación era equilibrada, de que me mantenía dentro de un peso saludable y que vivía más o menos lejos de vicios tóxicos (tabaco, alcohol).

En resumen, me definía como una persona completamente sana. Pero, desde hace un tiempo, esta percepción ha ido cambiando tan despacio que casi no me he dado ni cuenta.  Paralelamente, se ha  ido produciendo un cambio cualitativo en las publicaciones de las diferentes redes sociales que utilizo. Poco a poco, un pequeño demonio (a quién me imagino vestido con ropa de deporte y con unos  bíceps y un six pack increíblemente desarrollados) se ha colado en mi cabeza y no deja de decirme que lo que hago no es suficiente. Quiere más. Y yo me siento obligada a darle más, me siento obligada a convertirme en una persona ULTRA SANA.

Desconozco si esto es exclusivamente fruto de mi percepción, si así lo crees, te reto a que hagas un repaso de todas tus redes sociales: facebook, twiter, instagram, blogs, y busques fotos, mensajes o cualquier otra cosa que haga referencia a comerte una comida grasienta y con gran aporte calórico. Complicado, ¿verdad?  Lo que anteriormente era cool (tirarte en el sofá para ver una película y comerte, de paso, una buena cantidad de chucherías y de comida basura) ahora se asocia a personas, por decirlo de manera educada, poco sanas.

Mis redes sociales se han llenado, literalmente, de todo tipo de fotos de comida ultra sana. Que si el café verde es mejor que el tostado, que si la quinoa, que si las algas, que si hay que introducir más tofu, quitar el trigo, la leche ni olerla, la carne sólo en Navidad y fiestas de guardar, etc.… Consiguiendo hacerme dudar de si mi ensalada de toda la vida es lo suficientemente sana. ¿Se puede dudar de si una ensalada completa es lo suficientemente saludable? Pues en mi caso, así es.

La obsesión por la comida sana ha pasado de limitarse a ir a comer de cuando en vez a un japonés, a meterse de lleno en nuestra nevera, afectando  y cuestionando los  pilares básicos de nuestra alimentación.

A este paso el chándal se convertirá en nuestro mono de trabajo.

A este paso el chándal se convertirá en nuestro mono de trabajo.

Pero, la vida sana, obviamente, no se reduce a la alimentación. Otro punto importante es el deporte.  EL DEPORTE. Los malditos (perdón) workouts por todas partes. Ya no vale con estar relativamente delgado, ahora hay que estar fuerte y duro como una roca para poder mostrarlo a través de Instagram.

Personalmente no dejo de asombrarme de cómo hemos conseguido pasar de tener que hacer un esfuerzo enorme para salir a correr un par de veces a la semana, a organizar nuestra vida diaria en torno a la hora de ir al gimnasio. ¿Os habéis fijado en que ahora las personas dedican sus fines de semana (su tiempo libre) a practicar deporte? ¡Es increíble! Y la industria lo sabe, y cada vez nos proporciona todo más diversificado y especializado.  Ya no es suficiente con tener un chándal y unas zapatillas de deporte con los que podrías tanto ir a correr, como hacer mountainbike. No, no, ahora tienes que tener una indumentaria y accesorios para cada cosa, así que mejor céntrate en un deporte y conviértete en un auténtico friki del mismo.

Yo no soy una persona muy activa en cuanto al deporte se refiere. Practiqué natación buena parte de mi vida, pero por prescripción médica (el fin era conseguir enderezar mi  torcida columna vertebral). Es cierto que nadar me gusta, pero nunca lo suficiente para practicarlo más a menudo. En mi vida adulta he intentado hacer otros deportes, sin éxito alguno. No consigo encontrar la motivación para convertirlo en un hábito, además de que creo que la genética no me ha dotado con buenas cualidades físicas. La única actividad que he conseguido hacer durante años sin parar y disfrutando al mismo tiempo, es yoga, pero creo que no se puede considerar deporte. O a lo mejor estoy equivocada y en realidad soy una super deportista. 

Nadie  me dice que me sentaría bien hacer más deporte, esa historia ya me la sé yo. Pero percibo cierto tono de: ¿cómo no te sientes mal sin hacer deporte? ¿En serio te consideras una persona sana y activa?

Está claro que está de moda ser saludable, pero no el saludable que toda la vida hemos entendido, sino un saludable llevado a al extremo. Es decir, hasta ahora estar sano lo interpretábamos como estar libre de enfermedades, y para eso lo mejor era beber o fumar poco y  comer equilibradamente. Pero ahora estar sano es llevar un estilo de vida saludable.

A veces creo que tras la idea de llevar este maravilloso estilo de vida saludable, a través del que tenemos (o eso creemos) absoluto control, se esconde la creencia de que así nos tocará, en cierta manera, una vida larga, muy larga, y feliz. La cuestión es: ¿estás haciendo lo correcto? Si la respuesta es afirmativa entonces  serás premiado con una vida dilatada, libre de enfermedades y con un aspecto maravilloso.  Vamos, un chollo, ¿verdad?

La cuestión que quiero señalar es que yo, en ciertos momentos, me siento culpable. Culpable por no estar haciendo más por cuidarme, por no preocuparme más de la procedencia de la comida que como. Por no estar más pendiente de introducir en mis comidas diarias esos alimentos súper sanos de los que tanto se hablan ¿De dónde creo que sale ese sentimiento de culpa? Te lo explico: tiempo atrás el estilo de vida saludable era una recomendación, se limitaba a una serie de consejos que pululaban en nuestro día a día. Pero desde hace un tiempo, estas recomendaciones se han convertido, en cierto modo, en obligaciones. Es decir, la falta de autocuidado ha comenzado a verse como una especie de crimen contra uno mismo. Supongo que habrás oído en alguna ocasión frases culpabilizadoras hacia personas fumadoras que ahora tienen cáncer de pulmón. O hacia una persona con sobrepeso que ha sufrido un infarto de miocardio. El clásico: “bueno, él se lo ha buscado” .

Aunque pueda parecer lo contrario, yo también defiendo vivir de manera saludable, pero sin convertirnos en esclavos de la misma. Respetando siempre el poder de elección que cada uno de nosotros tenemos, desde la libertad y sin juicios por parte de los demás. Desconozco si algún día conseguiré practicar deporte de manera regular, pero lo que sí hago ya es criticarme menos y aceptarme más, con mi sedentarismo incluido. Si durante dos semanas consigo salir a correr me felicito por ello, pero si las dos siguientes no lo hago, lo acepto. Sin culpa. Si durante unos días consigo comer las  famosas 5 raciones de fruta y verdura al día, genial, pero si un día me apetecen patatas fritas me las como y las disfruto. A lo mejor no voy a vivir esa vida larga de que la antes hablaba, pero la que viva lo haré desde el amor y respeto hacia mí misma.

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