1 año

El 23 de julio cumplí mi primer año (¡entero!) sin fumar. Debería estar feliz, orgullosa de mi misma y montando, como mínimo, una fiesta para celebrar semejante hazaña. Pero hay algo que me impide hacerlo, ¿qué es? Que TENGO MUCHAS GANAS de fumarme un cigarro.

Las ganas me vinieron así de pronto, casi sin avisar. Estaba en la playa pasando un puente y disfrutábamos de un tiempo increíble. El agua no estaba fría (algo muy raro en Galicia), la marea alta; me sentía muy relajada y tremendamente a gusto.
Pero de pronto huelo el humo de un cigarro que está fumando alguien que está cerca de mi toalla. Sigo el rastro del humo y dirijo la mirada hacia la persona: veo a una chica joven, guapa y sana, con cara de estar disfrutando enormemente las caladas de este cigarrillo que se está fumando. Yo, casi instantáneamente, siento unas ganas locas de abalanzarme sobre ella y robarle el cigarro, o en su defecto, pedirle amablemente si me puede dar uno (que se lo pago a precio de oro, si hace falta).

Sentir tal ansiedad por el tabaco, después de un año sin probar un cigarro, me dejó tremendamente alterada. Algo se sacudió dentro de mí, ¿pero el qué? ¿Volvía ahora el mono?
Como en la playa no hay mucho qué hacer, dediqué tiempo y tiempo a analizar minuciosamente cómo me estaba sintiendo y cómo había llegado hasta aquí.

Este año sin fumar viene precedido de otro intento por dejar el vicio. Éste primer intento duró menos: 7 meses (está claro que mis recaídas son a largo plazo). Esta primera vez estaba muy motivada para dejar de fumar. Previamente me había “probado” estando sin fumar varios días. Pero no amigos, no es lo mismo. Cuando sabes que nunca habrá otro cigarro, que es un adiós, que jamás podrás disfrutar de ese momento de placer que es encender el pitillo y esa primera calada…Ahí es cuando te das cuenta de que HAS DEJADO DE FUMAR.

Un compañero de trabajo que tenía en el Psicotécnico, fumador empedernido desde hace 30 años, me preguntaba siempre cómo había dejado de fumar. Él lo veía cómo una hazaña imposible. Le contaba mi experiencia: me pasaba el día comiendo chuches y chupa chups y cuándo me venía la oleada de ansiedad-mono lo que hacía era aguantar el tirón. Lo pasaba muy mal, pero pensaba que pronto pasaría (puede ser que yo tuviera cierta facilidad para hacerlo por mis problemas de ansiedad). Y realmente en un rato se reducía considerablemente. No es que estés todo el día con el mono a cuestas (o por lo menos yo). Mi compañero me miraba con cara incrédula y lo que único que acertaba a decir es:  las mujeres tenéis mucha fuerza de voluntad.

Y sí, un poco es cierto (en lo de que hay que estar motivado y ponerle ganas. Lo del género es totalmente indiferente).Y eso que a mí lo que más me mermó no fue el mono en sí, sino una tos limpiadora de cilios (de los pulmones) que sufrí un par de semanas y que me impedía dormir por las noches. Me pasé noches enteras tosiendo sin parar y sin pegar ojo. Lo pasé fatal, pero eso también me servía como revulsivo y pensaba: una vez que pase esto se acabó, dormiré plácidamente y sin fumar.

Como todo en la vida, con el paso del tiempo tu ansiedad se va normalizando y empiezas a disfrutar de la vida sin nicotina. Para mí esta es la mejor parte: descubres el sabor de la comida, te levantes por la mañana sin que te rasque la garganta, tu ropa deja de oler mal, la piel deja de tener ese color grisáceo, y descubres que subir las escaleras no es tan agotador como lo era antes. Dispones de más dinero (razón de peso para dejar el vicio).
Durante unos meses me encontraba pletórica y no me cansaba de contarle a todo el mundo que había dejado de fumar y que no lo echaba nada de menos (en ese momento era la verdad). Animaba a cualquier fumador que veía a dejarlo. Era puro optimismo ex adicto.

Pero cuando cumplí mis 6 meses libre, algo cambió. Empecé a ver a los fumadores con envidia. El sufrimiento que me había supuesto dejar de fumar parecía muy lejano, se convirtió en algo secundario. Incluso lo percibía como algo sencillo.
Esta sensación, unida a varios momentos de ocio me llevó al tan temido momento de: ¿por favor, me das un cigarro? Así comenzó mi recaída. Empecé pidiendo pitillos a hurtadillas, diciendo: “no, no, yo controlo, sólo me fumo alguno de vez en cuando” ¡ERROR! Se llama ilusión de control, tú crees que controlas el tabaco, pero finalmente descubres que es él quién te controla a ti. Empiezas pidiendo cigarros cuando estás tomando algo con tus amigos y de tantos que pides acabas sintiendo vergüenza y haces una parada en el estanco. Esto se convierte en una recaída. Al principio disfrutaba un montón de esos “cigarrillos robados”, pero cuando me compré la primera cajetilla, empecé a sentir que esto se me había ido de las manos y que volvía a ser adicta.

Me sentía fatal en mi recaída. Tan sumamente culpable por volver a ser esclava de la nicotina que cada cigarro que me fumaba se convertía más en una tortura que en un placer. Necesitaba fumar, pero me flagelaba cada vez que lo hacía.

Segundo intento, ¿el definitivo?

 

Así que decidí que lo mejor era volver a dejarlo. En esta ocasión conociendo mis puntos débiles. Es lo bueno de enfrentarte a una situación que no es nueva: sabes perfectamente que aunque lo pases mal puedes aguantar y conoces perfectamente qué te puede hacer recaer. Así que mejoré en ciertos aspectos, por ejemplo:

  •  Me marqué una fecha en el calendario y me despedí del tabaco. Incluso hice una pequeña ceremonia. Me fumé el último cigarro sabiendo que era el último de mi vida (hasta ahora sigue siendo el último).
  • Eliminé los estimulantes (tipo café, té y alcohol). En mi caso eso me pide tabaco. Sobre todo en momentos de ocio.
  • Hacer ejercicio físico. Intentando correr todas las semanas y practicando yoga todos los días. Lo considero fundamental, porque hacer deporte es totalmente incompatible con fumar. El deporte es salud, bienestar, belleza, paz y eso me hacía sentir lejos de los humos del tabaco. En mi cabeza tabaco tomaba la forma de enfermedad y malestar.
  • En momentos del día concretos: los que más asocias con el pitillo. En mi caso eran: después de comer, cenar y al salir del trabajo. Procuré cambiar mi rutina, por ejemplo al salir de trabajar cambiaba de ruta, hacía paradas obligatorias por el camino (en sitios en los que no se puede fumar). Al terminar de comer me lavaba corriendo los dientes e intentaba entretenerme con algo que me gustara.

Así he estado hasta ahora ¿A qué creo yo que se deben estas inesperadas ganas de fumar cuando justo cumplo un año sin tabaco?

En mi caso, asocio fumar al ocio más absoluto. A relax, a estar tranquila y a gusto. Hay otros fumadores que cuando más añoran el tabaco es cuándo están estresados. Por eso hay que tener muy en cuenta las particularidades de cada fumador.
Precisamente ahora es cuándo estoy más relajada, es verano, acabo de dejar un trabajo que no me gustaba. Hago lo que me gusta, estoy tranquila. Todo esto unido a mi primer aniversario como ex fumadora, creo que me hizo recordar el placer que sentía cuándo me fumaba un cigarro. Y por consiguiente me entraron ganas de fumarme uno.

Pero tranquilos que no, no voy a fumarme un cigarro. He conversado largo y tendido conmigo misma; he llegado a la conclusión de que no voy a tirar por la borda todo el esfuerzo invertido hasta ahora. Realmente me siento mucho mejor sin fumar, tanto física como emocionalmente. Sería dejar todo por un momento, muy pequeño, de placer. No me compensa. Me he convencido de que esto es lo mejor.
Sé que siempre recordaré el tabaco, sé que habrá momentos en los que lo echaré de menos y en los que me sentiré como un funambulista, al borde del precipicio intentando mantener el equilibrio.

 

 

dudas de funambulista 3

 

 

5 thoughts on “Cómo evitar recaer en el tabaco

  1. Yo aún soy fumadora,lo dejo por temporadas pero siempre vuelvo…y he pasado por miles de fases…pero tienes razón y creo que es importante entender que tienes que tolerar ese sufrimiento cuando te apetece fumar y que cada vez que lo hagas saldrá reforzada tu voluntad.Aún así es increíble lo difícil que es abandonar un hábito.
    Me encanta tu web: sencilla,bonita,cercana.Te deseo mucho éxito!!

  2. ¡Hola Karenina! ¡Muchísimas gracias por leerme y por tus bonitas palabras! Es genial tener lector@s taaaan maj@s 🙂
    Tienes toda la razón: abandonar un hábito es muy difícil. Pero se puede hacer. Yo te animo a que lo intentes una vez más. Como tú misma dices, cuando todo pase saldrás muy reforzada. 😉
    ¡Ánimo y ya me cuentas!

  3. Maldito tabaco. Yo solo llevo una semana y aún limpiando cilios. Espero ser fuerte! El tabaco es como dices enfermedad… un abrazoooo

  4. ¡Hola Alba! Comparto tu maldito tabaco, no sabes cuánto! Pero mantente firme, ten fe, pronto desaparecerá la tos, lo mismo le ocurrirá a las ganas de fumar, y te sentirás taaan bien cuando llegue ese momento,que ya no querrás volver atrás. ¡Puedes hacerlo! ¡Ánimo!

  5. Hola yo llevo 2 me es sin fumar pero tomo medicamentos para dejar de fumar y igual trato de alejarme de personas q fuman pero ahí aveces que me dan muchas ganas de fumar cuando caigo en depresión pero lo que hago es orar mucho y le pido adios q me ayude porque no es fácil i luego yo parezco del pancrea es malo también por mi enfermedad y luego tenía una tos fea y me dolía mucho mis pulmones pero ya lo estoy dejando gracias adios aunque no es fácil pero se puede hacer la luchar por nuestra salud que es lo q importa

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.